Un día como patrón de un barco

El pasado verano pude cumplir uno de mis sueños durante mis vacaciones en Almería. Desde pequeño quise ser patrón de un barco, aunque es algo complicado para una persona de Meseta (Valladolid) como yo. Pero era mi gran ilusión. Cuando otros niños coleccionaban cromos de futbolistas, yo lo hacía de barcos. Cuando otros niños jugaban al fútbol yo estaba en algún estanque haciendo navegar a mis barcos con motor.

Así pues cuando vi en Internet que había una empresa llamada Nautimar que ofrecía cursos de patrón de barco no me lo pensé. Con sede en Madrid, imparte cursos teóricos para la obtención de las diferentes Titulaciones de Navegación de Recreo y realiza las prácticas obligatorias de Seguridad y Navegación para todas estas Titulaciones, así como las opcionales de Vela en su Escuela de Navegación. No es una broma por lo tanto, cuando me apunté a su curso me lo tomé muy en serio, porque esta profesión está regulado por el Estado.

De esta manera me saqué el carne de patrón. Os voy a contar un poco qué es lo que hice durante mis prácticas en régimen de travesía. Era el momento de perfeccionar aspectos de la navegación, orientados principalmente a la travesía y la navegación segura dentro de las atribuciones del título de patrón de yate. Era el momento de habitarme a la duración de las navegaciones que podría realizar con este título. El establecimiento de un régimen de guardias durante el desarrollo de las prácticas y la realización de las tareas típicas de éstas, es vital para una correcta asimilación de los objetivos a lograr los cuales se clasifican en 5 apartados:

  1. Utilización del material de seguridad y contraincendios.
  2. Preparación de la derrota.
  3. Comprobaciones antes de salir a la mar.
  4. Guardia efectiva de navegación.
  5. Navegación.

Mi estreno

Después de completar este curso, y con muy buena nota, por fin tenía el título. Así que en mis vacaciones en Almería aproveché para ponerlo en marcha. Como es lógico, mi sueldo de empleado de banca no da para poder comprarme un yate, pero sí para poder alquilarlo. Así que es lo que hice. Programé una excursión a alta mar con mi mujer y otra pareja de amigos. Por supuesto que al principio había los nervios típicos de un principiante. Me sentía como cuando te sacas el carné de conducir y más con miedo con la famosa L en la parte trasera del coche.

Pero la experiencia fue maravillosa. Mis amigos, que son unos cachondos, hacían las típicas bromas de si teníamos seguros o si habían hecho ya testamento. Pero la verdad es que todo salió bien. Además hasta el tiempo nos acompañó. El sol es seguro de vida en Almería y no faltó, este año ha estado hasta mediados de octubre. Además las mareas me respetaron. Por fin me sentía realizado. La verdad es que navegar en alta mar no tiene nada que ver con ir en un barco o en un crucero, esto es otra historia. Lástima que no tenga más dinero para poder hacerlo más a menudo. Ahora ya estoy ahorrando para poder hacer otra excursión el próximo verano.

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